Cócteles

La nueva coctelería se perfuma para evocar emociones

El auge del sector de las fragancias rebosa los frascos y baña de aromas la nueva coctelería.

El sector de la perfumería no para de crecer. Su auge empezó durante la pandemia: tal vez el miedo a perder el olfato nos hizo más sabuesos que nunca. Desde entonces, el negocio de los aromas se ha ido incrementando a grandes pasos (en el último año generó en España un 7,7%d e beneficios más que en 2024). Para más inri, la perfumería ha visto en la gastronomía un aliado especial, y viceversa. Ambos sectores se están retroalimentando, aunando fuerzas y poniendo lo que mejor tienen en común: ser grandes evocadores de emociones.

Los perfumes gourmand, inspirados en elaboraciones gastronómicas, desde postres hasta cócteles como el Sex and the Beach, son más tendencia que nunca y protagonizaron la última edición del Barcelona Perfumery Congress. Por su lado, la coctelería, tan alquímica como la perfumería, está explorando la introducción de aromas dentro o alrededor del cóctel.

En la coctelería, un aroma empleado con frecuencia es el agua de azahar, como en el Ramos Gin Fizz, que lo contiene en su interior, pero que también es usado al final, en una bruma de spray, sobre el cóctel. De hecho, estos son los dos caminos que toma la perfumería respecto al cóctel: rociarlo como nos rociamos a nosotros mismos con nuestro perfume preferido, para aportar un matiz olfativo, o intentar introducir ese aroma dentro del propio cóctel para que lo captemos con el paladar.

Cócteles aromáticos

Si se usa con sentido, el perfume puede reforzar el aroma de ingredientes de un cóctel o aportar notas aromáticas que sería difícil integrar en el líquido”, razona Ema Giacone, bartender, embajador de Fernet Branca y apasionado de la perfumería. En su opinión, un toque de un perfume (siempre comestible y seguro para ser ingerido), puede servir tanto para generar un gesto distinto ante el cliente, como para transmitir una sensación organoléptica que se añade al conjunto.

«La clave está en que no sólo sea un efecto teatral, sino que esté conectado con el concepto del cóctel y su historia. La perfumería puede encajar muy bien con la coctelería porque el aroma es una parte enorme de cómo percibimos el sabor«. En este sentido, y tal y como recuerda Patricia Gisbert, directora del Barcelona Perfumery Congress, «el olor está muy ligado a la memoria y a las emociones: no olemos por la nariz, olemos por nuestro cerebro». Los perfumes empleados en experiencias comestibles pueden llegar a generar, además de placer, un vínculo personal con lo que se está ingiriendo, ya que «pueden ser comestibles en su percepción».

Lee el repotaje completo en nuestro número 113, en quioscos a partir del 9 de abril, o compra el ejemplar en la tienda online de SpainMedia.