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La comida es política en la nueva pirámide nutricional de Trump

EEUU invierte la clásica pirámide alimentaria generando controversia a nivel global.

No importa cuál sea la acción o el cambio propulsado por el mandato de Trump: todo se convierte de inmediato en objeto de polémica y debate. El sistema alimentario estadounidense tampoco se queda atrás, dejando claro que la comida también es política.

Hace unos días se haría pública su nueva versión de la clásica pirámide nutricional -creada en 1991- que nos ha acompañado toda la vida. Una guía «radicalizada» que nada tiene que ver con la original, y en la que todo parece invertirse. Publicada en el marco de las nuevas Guías Alimentarias para los Estadounidenses (DGA) 2025-2030, por el Departamento de Salud y Servicios Humanos y el Departamento de Agricultura, la pirámide propone, a grandes rasgos, volver a los orígenes: a la carne roja y a las proteínas animales.

«Make America healthy again»

Trump pretende con esta medida resolver la crisis alimentaria que está sufriendo un «país enfermo» como USA. «Nuestra nación está recuperando el equilibrio, dejando atrás décadas de alimentación poco saludable y reconstruyendo una cultura alimentaria basada en la salud, la ciencia, la transparencia y la responsabilidad personal», describen desde la web gubernamental de Real Food.

El regreso de la pirámide alimentaria parece responder directamente a los intereses políticos de las poderosas industrias americanas, sin tener en cuenta las principales recomendaciones de salud de algunas de las grandes entidades de salud, nutrición y dietética. A diferencia de la estructura de la pirámide con la que crecimos, ésta tan sólo está agrupada en tres secciones de alimentos que enfatizan la narrativa de “make America healthy again” de Trump.

La nueva guía pone así el foco en el “real fooding” promoviendo una reducción del consumo de azúcares añadidos y alimentos de peor calidad nutricional. Un cambio aparentemente “revolucionario» en el sistema alimentario estadounidense con el que el presidente quiere apoyar a los agricultores, ganaderos y a las empresas que cultivan y producen alimentos reales.

Siguiendo la estructura jerárquica de la pirámide, el consumo de lácteos es primordial, de hecho propone consumir varias raciones al día, a pesar de que ni siquiera sean recomendables a nivel científico. Más allá de ese apoyo a la industria láctea, ésta se centra en el consumo de carne roja y proteínas animales, sin tener en cuenta, por supuesto, su impacto en el cambio climático.

Tal y como indica la infografía de realfood.gov: «Cada comida debe dar prioridad a las proteínas de alta calidad y densas en nutrientes, tanto de origen animal como vegetal, combinadas con grasas saludables procedentes de alimentos integrales como huevos, mariscos, carnes, lácteos enteros, frutos secos, semillas, aceitunas y aguacates».

Por otro lado, aunque la pirámide los califique de «esenciales», frutas y verduras quedan relegadas a un segundo plano frente a los productos de origen animal. Las DGA recomiendan consumir tres raciones diarias de verduras y dos de fruta, pero apenas concretan qué cantidad debería tener cada ración, algo que sí detallan cuando se trata de proteínas. Finalmente, en la base de la pirámide se sitúan los cereales integrales, acompañados de una advertencia clara: evitar los carbohidratos refinados y apostar por entre dos y cuatro raciones diarias de granos integrales. Nada parece tener mucho sentido.