Es el teléfono más bonito, sutil, delicado, fino que ha hecho Apple. La casa se ha esforzado tanto en hacerlo hermoso, que como sucede con algunas chicas y chicos demasiado concentrados en el culto al cuerpo, ha descuidado aspectos que en principio se podrían considerar más importantes.
Pero como ocurre con los cuerpos jóvenes y tan cuidados, la pregunta es: ¿importantes para quién? Yo el iPhone lo uso cada día y mucho, para escribir los artículos, para buscar por internet, para comunicarme con los demás de todas las maneras posibles y para escuchar música. Quiero decir que me basta un teléfono elemental para funciones tan básicas, y por lo tanto las carencias de iPhone Air, que las tiene, no me afectan demasiado. A veces, si escribo muy rápido, se como atasca el teclado y hay que darle su momento de pausa; también a veces necesita su tiempo para desbloquearse. Nada que no nos haya pasado cuando nos hemos dejado llevar por la belleza de los cuerpos un fin de semana en París, y algunas cosas las hemos tenido que explicar dos veces, en conversaciones que de todos modos no iban a ninguna parte.
iPhone Air es esta sensación de belleza poco trabajada por dentro. De belleza suave, muy agradable al tacto, pero de contenido inacabado. Nunca había tenido un teléfono con el que me hubiera relacionado desde la condescendencia, y la verdad es que agradezco mucho los meses que llevamos. Unos meses de comprensión y satisfacción a partes iguales, unos meses para recordar lo cómodo que es vivir cuando bajas las expectativas. Recomiendo vivamente el iPhone Air a los que viven agotados de sí mismos, buscando siempre los decimales que no existen. El iPhone Air les procurará un tiempo liviano, y una brisa leve, inconsistente, les mecerá y descubrirán lo poco importantes que en realidad eran la mayoría de las cosas que les angustiaban. Tener un iPhone Air es tener un dispositivo de lujo que sirve para menos de lo que por su precio le podíamos exigir pero que que agrada mucho más de lo que te esperabas; y nos pone ante el espejo de lo ridículos que somos cuando nos tomamos en serio y osamos tener delirios de inmortalidad.