El final de febrero tiene una forma especial de invitarnos a disfrutar, de nuevo, del tiempo al aire libre, con calma, con paciencia, y redescubrir así la belleza de lo cotidiano justo antes de la explosión de la primavera. Es un mes que despierta la sensibilidad y que convierte cualquier plan en una experiencia que se vive con todos los sentidos. Una terraza en la que se exprimen las cada vez más horas de luz, preparada con la atmósfera adecuada y la compañía correcta puede convertirse en el escenario donde construir recuerdos tan nítidos como una fotografía que captura lo más auténtico de la vida, y donde la pasión encuentra su lenguaje más natural: el del sabor.
En la mesa, cada elemento cuenta su propia historia, igual que la novela inmortal Romeo y Julieta de Shakespeare. Unos finos cortes de jamón ibérico que se deslizan delicadamente por el paladar, un vino tinto que abraza con sutileza, y un habano Romeo y Julieta Romeo No. 1 Tubo, cuya armonía de cacao, especias y notas dulces invita a detener el tiempo, componen una atmósfera de disfrute pausado. Y es que su fumada de 30 a 45 minutos de duración, junto al buen tiro y la fortaleza media, permiten que el momento de disfrute se extienda plácidamente.

En febrero celebramos así: no con artificios, sino con experiencias que despiertan emociones, que generan recuerdos y que se comparten sin prisa. Porque la pasión también se cultiva en los sabores, en los aromas, en la luz, y en todo aquello que permanece cuando la escena se apaga.