El verano mediterráneo tiene sus propios rituales: días de sol, baños en aguas cristalinas, largas sobremesas y una copa de algo frío al caer la tarde. Esa misma filosofía es la que Mélanie Masarin, fundadora de la marca de aperitivos sin alcohol Ghia, traslada a Riviera: Recetas de la costa de Francia e Italia, un nuevo libro de cocina inspirado en los sabores con los que creció en Francia y, especialmente, en las recetas de su abuela.
La idea nació en 2020, durante el confinamiento, cuando Masarin empezó a preparar platos sencillos en casa y a compartirlos con sus amigos. Las preguntas sobre sus recetas terminaron convirtiéndose en el germen de un libro que busca precisamente eso: quitarle solemnidad a la cocina y hacer que reunirse alrededor de una mesa resulte fácil. «Quería que reunirse con amigos resultara fácil», explica la autora.

Riviera reúne 101 recetas francesas e italianas, en su mayoría con menos de diez ingredientes, que recorren desde la tarte soleil con pesto o tapenade hasta la daube provençale, el branzino entero con salsa verde, los baci di dama o un spritz de mandarina y tomillo. Su filosofía es sencilla: buen aceite de oliva, hierbas frescas, ajo, sal y productos de temporada pueden ser suficientes para convertir cualquier comida en un pequeño festín.
Entre las recetas favoritas de Masarin está la tarta de higos y yogur, una reinterpretación de uno de los dulces que preparaba su abuela. La autora propone además cocinar sin demasiadas reglas y adaptar los ingredientes a lo que haya disponible: higos, cítricos, frambuesas o membrillo pueden ocupar el mismo lugar. Porque, como explica, la idea del libro es precisamente dejar que las recetas se adapten a la vida de quien cocina.

Más que un recetario, Riviera funciona como una carta de amor a la costa francesa e italiana y a su manera de entender la mesa: comida sencilla pero con mucho sabor, ingredientes frescos, almuerzos largos y conversaciones que se alargan hasta la noche. Una forma de llevar a casa, aunque sea a través del plato, ese verano mediterráneo que Masarin aprendió a disfrutar junto a su abuela.