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El fenómeno cozy food o el arte de comer con mantel, cuchara y manta

En otoño, las pulsaciones bajan y el apetito se queda en casa.

Crema de calabaza. (Foto de Getty Images)

El verano invoca nuestro espíritu más aventurero. El sol, las vacaciones y el mar despiertan el ansia de descubrir: investigar nuevos restaurantes, probar recetas más arriesgadas e incluso transformar picoteos en híbridos de cualquier ambiente. En cambio, con la llegada del viento y la caída de las hojas, el apetito se queda más en casa, concretamente en la distancia entre el sofá y la mesa. Y no tiene nada de malo, es el arte de adaptarse a cada estación. Y desde luego que en otoño, apetecen platos reconfortantes, sabores familiares y recetas tradicionales que despiertan cierta nostalgia.

Y aunque no siempre vengan acompañados de presentaciones vanguardistas ni de una vuelta de tuerca contemporánea, el llamado cozy food también juega en la liga de las cinco estrellas. Esta tendencia gastronómica reivindica la comida casera y esos sabores que nos hacen sentir como en casa, especialmente cuando bajan las temperaturas. Desde sopas y guisos hasta pastas gratinadas y postres recién horneados, aquí lo importante no es sorprender a toda costa, sino disfrutar de recetas sencillas y calentitas que convierten cada comida en un pequeño refugio frente al frío y las prisas.

Un cozy food a la española

En España, el cozy food tiene mucho donde elegir sin necesidad de importar recetas ni complicarse demasiado. Basta con mirar a nuestra propia cocina: unas lentejas estofadas, un cocido madrileño, una fabada asturiana o una crema de calabaza son algunos de esos platos que vuelven a la mesa cuando empieza a refrescar. También entran en esta categoría las patatas a la riojana, las sopas de ajo o un buen arroz al horno, recetas de cuchara y de horno que ganan protagonismo en otoño y que, además de alimentar, tienen ese punto de nostalgia que buscamos en esta época del año. Y si hablamos de algo dulce, pocas cosas encajan mejor que un arroz con leche, unas manzanas asadas con canela o un bizcocho casero recién salido del horno.

Un toque moderno no hace daño

Pero comer reconfortante no significa quedarse anclado en el recetario de siempre. El cozy food también admite versiones más actuales, con pequeños cambios que renuevan los platos sin quitarles su esencia. Podemos preparar una lasaña de setas de temporada, unos ñoquis con salsa cremosa de calabaza, una sopa de cebolla gratinada o unas patatas asadas rellenas de queso y verduras. Incluso un sándwich de queso fundido con un buen pan de masa madre o unas gachas de avena con manzana asada y canela pueden encajar en esta filosofía. Para el postre, también hay margen para experimentar: unas peras al vino tinto, un crumble de manzana o una tarta de queso horneada son opciones que combinan sabores familiares con una presentación algo más actual.

La clave está en entender que el cozy food no exige grandes elaboraciones ni ingredientes difíciles de encontrar. A veces basta con recuperar una receta familiar; otras, con darle una vuelta a un plato cotidiano o dedicarle un poco más de tiempo a una cocción lenta. Porque, en otoño, la cocina también puede convertirse en una forma de bajar el ritmo: poner una olla al fuego, dejar que la casa huela a guiso o a bizcocho recién hecho y sentarse a la mesa sin demasiadas prisas. Y eso, más que una tendencia, es un placer que nunca pasa de moda y que suena «chup chup».