Concibe la comida como una experiencia emocional. Algo que quiere transmitir a través de sus estilismos culinarios, y que le lleva a hacer lo que hace con esa idea tan pura y esencial en mente. Lo acaba consiguiendo. Ana Snow expresa su romance con la gastronomía a raíz de la presentación de platos basados en ingredientes vegetales, que predispone con precisión, simetría y mucho gusto.
La obra, que recoge en el archivo de @plate_romance, yuxtapone ingredientes, texturas y colores en diferentes composiciones artísticas que describe y titula de manera poética. En ‘pillow talks’ muestra un plato sensual para el brunch que combina sensaciones saladas, dulces y picantes con una mezcla de chiles picantes encurtidos, tomates rojos, burrata con trufa negra, suave y esponjosa o mucha sal en escamas. Cada plato es único y distinto, como refleja el ‘electro plate’, al que le confiere un toque ‘electrizante’ a dos mitades de huevo de gallinas criadas en pastos, teñidas con remolacha y con un sabor muy intenso a mermelada, que se deslizan sobre nubes de crème fraîche de coco.


Los platos emotivos y cromáticos de A. Snow abarcan asimismo brunchs o postres deliciosos, decadentes, rebosantes de dulzura. Véase el que mezcla tiras de cruasán mantecoso, higos negros frescos, maduros y jugosos, compota de melocotón ahumado y burrata cremosa desmenuzada.
Según ha dado a entender en alguna que otra entrevista, la food stylist sigue algunas pautas a la hora de diseñar o estilizar sus elaboraciones. Por lo general, se deja llevar por la regla de la sal, la grasa, el ácido y el picante para crear sabores, con el objetivo de conformar un plato equilibrado y variado en texturas y sensaciones. La simetría también juega un papel importante en el cuadro, así como el espacio negativo, que puede convertir el minimalismo de dos rebanadas de pan en una obra recargada, barroca o maximalista.


En medio de esa estructura o de esas pautas creativas, también hay espacio para la libertad de improvisación y experimentación, dependiendo de lo que tenga en la nevera. Si no, regresa a su libreta en la que anota ideas visuales que beben del arte, la música o la moda para materializarlas en el plato con ingredientes frescos, en su mayoría de temporada. Otras veces recurre a la nostalgia, y/o a platos o sabores que le conectan directamente con su infancia. Desde luego, el arte del ‘plating’ de Ana Snow es digno de admirar.