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Economía.- Impulsar modelos agroalimentarios sostenibles es clave para la resiliencia del sistema global, según McKinsey

Impulsar modelos agroalimentarios sostenibles es clave para asegurar la resiliencia del sistema global, según la consultora McKinsey & Company, que ha afirmado que la industria debe transformarse en los próximos años para ser «más sostenible, transparente y resiliente».

Así lo ha explicado a Europa Press Ignacio Marcos, socio senior de McKinsey & Company y líder global de sostenibilidad en el área de consumo, tras participar en la I Cumbre Agroalimentaria ‘Sistemas Alimentarios Globales’, celebrada esta semana en Barcelona.

«La industria agroalimentaria se encuentra en un momento de desafíos múltiples que van desde la necesidad de impulsar modelos sostenibles de producción y alimentación más saludable, pasando por una mayor flexibilidad de la cadena de valor alimentaria hasta nuevas estrategias de abastecimiento y un necesario impulso de innovación», ha detallado.

El socio senior de McKinsey ha manifestado que el modelo de crecimiento tradicional afronta una revisión de sus cimientos debido a los desafíos relacionados con la disrupción y fragilidad de las cadenas de suministro, los cambios en el comportamiento y los hábitos de los consumidores.

A esto se añade el imperativo de la sostenibilidad y la transformación de la demanda de consumo, que impulsa un cambio en el valor percibido de la oferta o la escalada de precios tensionada por la actual inflación.

«Las empresas del sector se enfrentan, por tanto, al reto de cómo actuar para adaptarse a estas tendencias, pero, sobre todo, de cómo crear un nuevo modelo de crecimiento que no solamente sea rentable, sino sostenible», ha declarado.

ALIMENTACIÓN SALUDABLE

Respecto al comportamiento de los consumidores, Marcos ha apuntado que éstos «priorizan cada vez más la salud y el bienestar y apuestan por un consumo más sostenible, local o saludable». «En España, por ejemplo, un 42 por ciento de los consumidores demandan ya este tipo de alimentación», ha detallado.

Según datos de McKinsey, la esperanza de vida podría crecer en la próxima década en un promedio de seis años más de vida por persona, y la alimentación saludable, especialmente la dieta mediterránea, podrían jugar un papel clave.

Esta tendencia de consumo, «cada vez más generalizada», crea «oportunidades de creación de nuevos productos, categorías e inclusive modelos de negocio más sostenibles y saludables», ha destacado Marcos.

Según el socio de la consultora, «la sostenibilidad es uno de los imperativos clave para asegurar la resiliencia del sistema agroalimentario global y la innovación es una de las palancas activadoras en la transformación hacia modelos más sostenibles».

De hecho, ha indicado que el 29% de los nuevos negocios globales en los próximos cinco años irían enfocados a la sostenibilidad. En la industria de alimentación, bienes de consumo y comercio minorista, el foco de esta tendencia estaría principalmente en crear nuevas líneas de servicios físicos y productos alimentarios.

Uno de los vectores de transformación sostenible que afronta la industria es una mayor apuesta por la circularidad con especial énfasis en el desperdicio de alimentos. De acuerdo con un informe de McKinsey & Company, entre el 30% y el 40% de los alimentos se desperdician en el mundo, con un coste estimado de 600.000 millones de dólares y el consiguiente impacto medioambiental.

«Con nuevas estrategias de abastecimiento e impulso de la innovación y mejoras en la gestión de la cadena de suministro, se podrían reducir entre un 50% y un 70% los desechos de alimentos», ha subrayado Marcos.

RELOCALIZACIÓN DE LAS CADENAS DE SUMINISTRO

Por otro lado, ha señalado que la industria agroalimentaria afronta el reto de una mayor resiliencia y flexibilidad de su cadena de valor, que pasa por una relocalización de las cadenas de suministro: «En los próximos cinco años, entre un 15% y un 25% de la producción podría verse desplazada a países más próximos y España podría capturar una parte relevante de esta relocalización».

Adicionalmente, la industria en Europa tendría que acometer una inversión de 600.000 millones para llevar a cabo esta transformación basada en los ejes sostenibilidad, digitalización y recapacitación de talento, según Marcos.

Por último, ha recordado que la transformación que precisa la industria tiene que involucrar a los diferentes actores, desde el sector público hasta el privado, pasando por el consumidor, de manera coordinada para tener un verdadero impacto en la transparencia y resiliencia del sistema.