Opinión Salvador Sostres

“Ciudad de sombras”. Un contexto justificativo para asesinar a empresarios

“Ciudad de sombras” (Netflix) es una construcción ficticia muy pretenciosa, de muy poca calidad, y con el único fin de justificar la violencia anticapitalista y antisistema. Esta serie, basada en la novela “El verdugo de Gaudí”, de Aro Sáinz de la Maza, parte de la premisa de una trama de abusos sexuales, y otra de corrupción urbanística, para crear un contexto justificativo alrededor de los afectadísimos crímenes de un asesino en serie, mezclando innecesariamente a Gaudí en todo ello.

Lo más gracioso de la extrema izquierda es que cuando se pone profunda se vuelve cursi.

Y esta serie es, ante todo, cursi, ridícula, de personajes que creen que todo lo que les ocurre es muy importante y por culpa de un guion pésimo y de una interpretación muy mediocre no consiguen que a los espectadores nos importe un bledo.

La gestión del dolor es, en efecto, un gran tema literario. La venganza. El hundimiento. La superación. Pero necesita una inteligencia de largo alcance, una sensibilidad tensada a una alma fértil y, pese a todo, mucha generosidad y mucho amor. Sólo entonces, a través de las brechas doloridas, se cuelan destellos de verdadera luz. “Ciudad de sombras” es la obra de un fanático poco inteligente, y que tiene además pretensiones culturales claramente no resultas. “Ciudad de sombras” es una obra resentida, menor en todos los sentidos, que difunde una visión cazurra y ramplona de Barcelona, de persona que queriendo todo, nada ha alcanzado.

Y de fondo, esa necesidad tan de la extrema izquierda de crear un mundo infernal, de falsas conspiraciones, de inventados agravios y de propaganda comunista, para justificar sus atrocidades. No es una serie “sobre” perdedores sino “de” perdedores. Sus autores y sus intérpretes lo son, y aunque nos lo intentan proyectar, nunca consiguen traspasar la pantalla. Es absurdo y apología del terrorismo pretender que al vivir en un mundo en que los empresarios y los curas son especuladores, abusones y pederastas; matarlos está mal pero bueno, sólo porque la Ley lo dice, pero moralmente lo merecen.

Si las víctimas hubieran sido atacadas por feministas, esta película no se habría hecho. Y si se hubiera presentado, habría sido cancelada. Si las víctimas hubieran sido atacadas por colectivos de extrema izquierda, y la película tendiera a ser comprensiva con que los antisistema hubieran aparecido quemados y colgados, tampoco se habría podido publicar o habría sido tal el linchamiento que se hubiera retirado.

Que Netflix entre en debates profundos me parece bien. Que Netflix acoja todas las sensibilidades me parece todavía mejor. Pero si su papel como plataforma es, desde la más absoluta mediocridad, dedicarse a excitar las bajas pasiones de la turba, es algo sobre lo que tal vez en algún momento tendría que reflexionar.