Opinión Salvador Sostres

Can Pineda. Cierra los ojos, abre los ojos y estamos en 1990

@canpinedarestaurant

Cierra los ojos y los vuelves a abrir y estás en 1990. Esto es lo que pensé el sábado a mediodía en Can Pineda, en la última frontera de Barcelona. Foie caramelizado con reducción de vinagre de módena, colmenillas con salsa de foie, cazuelita de chipirones o calamarcitos con butifarra y al ajillo, mollejas, y un arroz de becada.

Esto es lo contrario de lo que yo espero de la cocina y de la vida. Y este tipo de restaurantes me han servido siempre para clasificar a sus grandes partidarios.

Pero no sería justo convertir mis preferencias o prejuicios en la medida de todas las cosas. Can Pineda es un buen restaurante, algo caro por lo que da, (200 euros por persona), y efectivamente hay mucha gente en España y en el mundo que desearía cerrar los ojos, volverlos a abrir y que fuera 1990. Si no existiera Can Pineda, ¿qué sería de todos ellos? Es poco probable que yo vuelva a Can Pineda pero soy muy partidario de que continúe existiendo, y de que le vaya muy bien.

El servicio es agradable y competente, aunque celebra demasiado las virtudes de sus productos cuando los presenta a los clientes. Aunque fue una casa de comidas, la evolución de la casa ha defendido una cierta distancia entre mesas y no hay sensación de agobio. El aire acondicionado es correcto aunque no le sobra nada. El día que fui tuve la suerte de que en las otras mesas de la sala que me tocó (la de la entrada) las señoras eran bien gordas y no se quejaban del aire. Es la clase de suerte que no suelo tener, y que tanto agradecí en Can Pineda.

La antigua comida estaba, en general, buena, o eso me pareció: porque me hizo tanta gracia volver más de treinta años atrás en mi vida, que no estoy seguro de poder ser objetivo en la valoración. Estoy tan lejos de este tipo de almuerzo, y tan cerca de mis recuerdos infantiles, que el debate entre mi memoria y mis ideas absorbieron toda mi concentración y me fue imposible pensar en más.

Éramos felices con el foie caramelizado, esto sí me parece increíble. ¡Lo que llegó a gustarnos hasta descubrir lo que ahora sabemos! A veces pienso en el daño que ha hecho la cocina francesa a nuestro paladar, que también hay que ponerlo en contraste con el inmenso placer que nos ha proporcionado. La cocina francesa es lo que Ferran Adrià necesitaba para poder matar al dragón y que naciera lo verdadero. Lo que más me interesa de la cocina de nuestros vecinos es cómo Ferran la demolió para crear el futuro. Sin maderas tan nobles no sé si habría salido tan bien el prodigio.

Can Pineda es como si el futuro no hubiera llegado. Es como si en lugar de morir Santi Santamaria, se hubiera muerto Ferran Adrià. Sus muchos clientes y partidarios acuden, devotos, al templo, y a mí me parece muy bien. Es civilizado poder reconocer el éxito, el mérito, la importancia de lo que nos queda lejos e incluso nos desagrada, y celebrar sus aciertos y los de sus entusiastas. Casa Pineda continúa con la solvencia de su historia y el vigor añadido que las nuevas generaciones le han dado.