Filmada de principio a fin en un único plano secuencia, en tiempo real y con un ritmo trepidante (tan trepidante de hecho como lo es cualquier turno en hostelería), el director Philip Barantini nos conduce en Hierve por las entrañas de un lujoso restaurante londinense, siguiendo de cerca a trabajadores y empleados, en lo que supone una auténtica pesadilla en la cocina que acontece durante el servicio de las cenas, con el establecimiento más concurrido que nunca.

Un total de 11 nominaciones a los British Independent Spirit Awards y una magistral interpretación de Stephen Graham –el protagonista de esta historia, el chef Andy Jones–, avalan a Hierve, el que está siendo el último gran éxito de Filmin, un gastro-thriller –como la han denominado desde la propia plataforma– que deja al espectador pegado a la butaca durante su hora y media de metraje, con los ojos como platos y la boca abierta.

Un chef que sufre una crisis personal extenuado por las maratonianas jornadas laborales que exige su oficio, la inoportuna visita de un inspector de sanidad y seguridad alimentaria, un equipo tocado por la presión del día a día y en beligerancia con la gerencia del negocio, una inesperada presencia de una crítica gastronómica, clientes impertinentes que se creen con derecho a todo por pagar la cuenta… Éstos y otros ingredientes más –que dejaremos que el espectador vaya descubriendo a través de los acertados giros de guión– van conformando una olla a presión que parece a punto de estallar en cualquier momento y que pone en peligro todo aquello por lo que el protagonista tanto ha trabajado.

La crítica alaba a Hierve

Aunque es cierto que hay quien acusa a Hierve de regodearse en demasiados clichés del sector de la restauración, lo cierto es que la práctica totalidad de la crítica ha alabado la película.

«Todo fluye más allá del acierto formal de ese plano continuo sin cortes y de la pretendida experiencia inmersiva. Barantini tiene nuestra atención», escribía Carlos Marañón en Cinemanía.

Por su parte, Carmen L. Lobo, de La Razón, asegura que Hierve es una película «notable, agotadora, tensa y arriesgada; un dramático gastro-thriller vestido en la superficie con los mejores platos aunque la mano que los prepara siga temblando de manera compulsiva».

Más allá de nuestras fronteras el filme también ha sido acogido con entusiasmo. Así, Guy Lodge escribe en las páginas de Variety que «incluso en su momento más inverosímil, Hierve conserva un crucial sentido de la integridad gracias a la sincera y necesaria presencia de la estrella Stephen Graham». Y Phil de Semlyen, en Time Out, afirma que se trata de «una riada de cortisol brillantemente efectiva de un drama culinario filmado en una sola toma cargada de tensión. En definitiva, es el mejor tipo de viaje al peor restaurante de la historia».

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