Lifestyle

Amelia Dimoldenberg y Jorja Smith protagonizan una de las ‘chicken shop dates’ más esperadas

Una cita en la que hablan de amor, rupturas y conexiones musicales desde la mesa.

Hace cosa de dos meses, Amelia Dimoldenberg nos rompió a todos el corazón cuando anunció el cierre de ‘Chicken Shop Date‘, su famoso programa de entrevistas en locales de pollo frito londinenses. Un formato con el que ha cautivado al stardom a lo largo de más de diez años en los que ha improvisado citas románticas con perfiles muy distintos como Billie Eilish, SZA, Rosalía, Little Simz, Bella Hadid, Paul Mescal o Jack Harlow, por mencionar algunos. Encuentros en los que, más allá de compartir especialidades de fast food, les lanza preguntas incómodas, con flirteo descarado y mucho humor.

Pero antes de poner fin al show, la creadora de contenido nos ha querido obsequiar con una de sus últimas chicken shop dates, y la afortunada ha sido, nada más y nada menos, que Jorja Smith. La cantante, que estrenó este año el disco ‘What Are the Odds’, se presenta con un ramo de rosas. Un acto poco usual, según la entrevistadora, en sus más de 100 citas. A lo que Smith le responde con picardía que se merece más de 100 flores. Un muy buen comienzo de una conversación en torno a la música, la comida, el amor, las relaciones sentimentales y la importancia de atreverse a probar cosas nuevas.

La cita comienza con una pregunta clásica: ¿alitas o nuggets de pollo? la artista se decanta por las alitas, mientras que Amelia defiende los nuggets y su condición de pollo deshuesado. A partir de ahí, la charla deriva hacia la gastronomía local y los recuerdos asociados a los lugares de origen. Jorja habla de su vínculo con Walsall, su ciudad natal, y Amelia le descubre las orange chips, una especialidad de la región inglesa de Black Country: patatas fritas rebozadas que destacan por su característico color anaranjado. Jorja se muestra dispuesta a probarlas, aunque bromea con que quizá termine sufriendo un infarto después de comerlas.

Cuando Amelia le pregunta si se considera una persona romántica, Jorja responde afirmativamente y explica que también le gusta idealizar la vida y soñar a lo grande. Para ella, imaginar nuevas posibilidades va de la mano de intentar hacerlas realidad. La conversación mantiene su tono humorístico cuando Amelia le regala unas rosas con eucalipto y le explica cómo colgarlas en la ducha para que el vapor libere su aroma. Jorja bromea con que Amelia estaba pensando en ella mientras se duchaba, en uno de los momentos más cómplices del encuentro.

La comida vuelve a aparecer cuando Jorja explica qué cocinaría si Amelia fuera a cenar a su casa. Propone un plato de inspiración marroquí con pollo, dátiles, aceitunas, alcaparras, miel y ajo. Amelia rechaza prácticamente todos los ingredientes, salvo el pollo, y termina defendiendo una versión mucho más sencilla del plato. La anécdota sirve para introducir una reflexión compartida: ambas reconocen que necesitan probar cosas nuevas y salir de sus rutinas. Jorja insiste en que la vida consiste en experimentar, no tener miedo al cambio y desafiarse a una misma.

Otro de los temas destacados a tratar, que deja entrever sus diferencias, consiste en el beso en una primera cita. Jorja parece menos proclive a hacerlo, mientras que Amelia reconoce que sí lo haría, aunque bromea con que últimamente no se ha dado la ocasión. La parte más reflexiva llega cuando Amelia pide consejo para quienes atraviesan una ruptura sentimental. Jorja responde que lo importante es permitirse sentir y no reprimir las emociones: los sentimientos no duran para siempre. Ambas reconocen que suelen ser quienes toman la decisión de terminar una relación y coinciden en que romper también puede resultar doloroso para quien decide hacerlo.