Se trata de una medida de crisis para paliar las dificultades del sector, afectado por las perturbaciones del mercado que han afectado a las ventas en las últimas campañas.
Entre otras, están el descenso del consumo de vino, el incremento de los costes de producción y la incertidumbre derivada del contexto comercial internacional, como posibles acuerdos comerciales o la aplicación de aranceles.
La medida consiste en la destrucción o eliminación de la uva inmadura en parcelas destinadas a producción de uva para vinificación, para reducir la producción y recuperar el equilibrio entre oferta y demanda.
Esta medida ya se aplicó en Catalunya en 2023, hecho que permitió disponer de un instrumento adicional de regulación del mercado y apoyo a la renta de los productores.