Reportajes

Adiós al filete de Schrödinger: las pegatinas que revelan el estado de tu comida

¿Pegatinas inteligentes que revelan el estado de tus alimentos? El sueño de cualquiera hecho realidad gracias a este proyecto de tres jóvenes biotecnólogos de Elche.

Oscillum

Oscillum es el premiado proyecto de tres jóvenes biotecnólogos de Elche cuyas pegatinas inteligentes revelan el estado de tu comida, impidiendo que la tires antes de tiempo o que la comas si es peligrosa.

¿Eres de los que lanza el pollo a la basura en cuanto huele fuerte, temes a la putrefacción del pescado u olvidas las fresas en un rincón del frigo hasta que crían moho? Seguramente hayas soñado con que un genio de la lámpara te confiese si tus alimentos están buenos o malos; si son inocuos y comestibles o potencialmente tóxicos y dañinos. Ese genio de la lámpara existe, nació en Elche y se llama Oscillum. Esta startup salvavidas para la industria alimentaria la fundaron hace seis años tres estudiantes de biotecnología: Luis Chimeno, Pilar Granado y Pablo Sosa.

Su momento eureka surgió en 2017, cuando ante el horror de sus amigos, Pablo decidió comer el filete que quedaba en la nevera pese a su olor sospechoso. “La mayoría de la gente lo tiraría: tenía una pinta horrorosa”, asegura Luis Chimeno, COO y confundador del proyecto.

Del dilema surgió la inquietud. ¿Y si fuese posible inventar una solución que no dependiese de ningún dispositivo, fuese comprensible para todo el mundo e informase del estado del producto en tiempo real?

Tras miles de horas de laboratorio, lo lograron. “Para poder afirmar que un alimento está malo, se atiende a muchos factores, pero el más determinante es la presencia de bacterias”. Sus sensores inteligentes emplean componentes bioquímicos para monitorizar los compuestos orgánicos volátiles y el crecimiento bacteriano. Ninguna tecnología lo había conseguido hasta ahora.

Sus etiquetas te chivan si el chuletón, el mango o el salmón son todavía comestibles. Se acabaron los filetes de Schrödinger, esos que podrían estar malos o no. Además, son extremadamente sencillas: usan un sistema de colores en formato semáforo y la tonalidad cambia en función de la actividad bacteriana relacionada con la descomposición: cuando se liberan estos compuestos y las bacterias se multiplican, el cambio de color permite a consumidores y a proveedores tomar las decisiones adecuadas sobre el alimento. El amarillo indica que está perfecto y el azul intenso, que ya no es apto para ser consumido. Son colores válidos para la población daltónica.

“Tenemos adaptaciones para distintos tipos de fruta, carne y pescado. Estas últimas son los frescos con mayor impacto medioambiental y económico, y los que más miedo dan”, señala Luis Chimeno. La precisión es enorme porque la pieza se monitoriza a tiempo real. Además, al informar sobre el grado de madurez de fruta y verdura, se evita “la sobremanipulación en el supermercado”, permitiendo también una mayor “personalización” de la compra, ya que hay quien prefiere un aguacate muy maduro o una manzana más verde y ácida en función del maridaje o la receta en cuestión.

Sus adhesivos tampoco contaminan: son totalmente biodegradables, y su impacto podría ser enorme. “Calculamos que, evitando el 10 % del desperdicio alimentario que se produce a nivel europeo, se reducirían 2,4 millones de toneladas de CO2”.

Continúa leyendo el reportaje en nuestro número de junio, disponible en los quioscos y en la tienda online de SpainMedia.