Lifestyle

El lado más oscuro de la copa: los bares, cócteles y brindis más terroríficos del cine de terror

Un «chin chin» terrorífico y que la noche no acabe en mordisco.

Sabemos que, para creer en fantasmas y otras criaturas del averno, a veces hacen falta unas cuantas copas o cócteles terroríficos de por medio. Aunque hay ocasiones en las que basta una sola canción -como el icónico «Come, Mister tally man, tally me banana» de Bitelchús (1988)-, un cóctel de gambas (más vivas que muertas) y un baile de lo más ecléctico y poseído para que nuestro escepticismo se esfume y acabemos creyendo en ese matrimonio difunto que habita en el ático. Otras veces, son unos chupitos de tequila con un toque a churruscado y sabor a pies los que nos convencen de que, en Abierto hasta el amanecer (1996), los vampiros chupasangre pueden tenernos en su punto de mira como próximo plato.

Por eso, en la noche más escalofriante del año, no acudas a ninguna fiesta con la boca seca: podrías perderte algunas de las apariciones más memorables del cine de terror.

1. El resplandor (1980)

El Gold Room del hotel Overlook es probablemente una de las barras más reconocibles de la historia del cine de terror. Allí llega Jack Torrance, completamente desquiciado, y se encuentra con Lloyd, un camarero que parece conocerlo de toda la vida. Jack pide bourbon con hielo y empieza a hablar de sus problemas familiares, mientras el barman le escucha con una familiaridad inquietante. Lo verdaderamente perturbador es que el hotel está prácticamente vacío y, sin embargo, Lloyd aparece dispuesto a servirle.

La bebida no es un simple accesorio: representa la recaída de Jack en el alcoholismo y su progresiva pérdida de control. Más adelante, el bar vuelve a llenarse de invitados fantasmales, como si el Overlook recuperase una fiesta que nunca hubiera terminado. Una copa que, en este caso, sale bastante cara.

2. Abierto hasta el amanecer (1996)

En la película de Robert Rodriguez, el Titty Twister es mucho más que un bar de carretera mexicano con llamas y espectáculo. Su barra, sus mesas y su visitantes representan una de las transformaciones más memorables del cine de terror. Los hermanos Gecko llegan al local acompañados de la familia Fuller, esperando encontrar un lugar donde pasar la noche. Allí hay música en directo, bailarinas, alcohol y una clientela de lo más peculiar. Todo parece una noche de desenfreno hasta que descubren que los trabajadores del establecimiento son vampiros.

La escena de Santanico Pandemonium, interpretada por Salma Hayek, bailando con una serpiente al ritmo de «After Dark», de Tito & Tarantula, es uno de los grandes momentos de la película. Después, la sangre empieza a correr por el bar y la noche se convierte en una lucha por sobrevivir. Aquí la barra deja de ser un lugar de ocio para transformarse en una auténtica trampa.

3. Un hombre lobo americano en Londres (1981)

Antes del primer aullido, la película de John Landis ya ha presentado otro escenario inolvidable: The Slaughtered Lamb, un pub perdido en la campiña inglesa. Los protagonistas, David y Jack, entran para resguardarse del frío y tomar un poco de té caliente, pero pronto descubren que los parroquianos no parecen demasiado hospitalarios. La conversación se tuerce cuando Jack pregunta por el pentagrama que cuelga de una de las paredes.

Los clientes reaccionan con hostilidad y los dos amigos terminan abandonando el local con una advertencia muy clara: que se mantengan en el camino, eviten los páramos y tengan cuidado con la luna llena. No hacen demasiado caso y el resto es historia del cine de terror, gritos, carreras y sangre, Es una buena escena para hablar de los pubs británicos como lugares donde las leyendas locales y las supersticiones siguen muy vivas, al igual que las enormes huellas de zarpas en sus puertas.

4. Zombies Party (Una noche… de muerte) (2004)

Si hay un pub que merece un hueco en esta selección es el Winchester. En esta comedia británica de Edgar Wright, Shaun y sus amigos deciden refugiarse en su bar habitual cuando Londres empieza a llenarse de zombis. Su plan es sencillo, llegar hasta allí, cerrar las puertas y esperar a que todo pase. Al fin y al cabo, ¿qué mejor lugar para sobrevivir al apocalipsis que el pub de siempre con los amigos de toda la vida?

La cerveza es parte de esa cotidianidad que los protagonistas se empeñan en conservar incluso cuando el mundo se viene abajo. Una de las escenas más recordadas llega cuando suena «Don’t Stop Me Now», de Queen, y el grupo utiliza una señal de tráfico para golpear a un zombi al ritmo de la canción. Una combinación de cerveza, humor británico y muertos vivientes que ha convertido al Winchester en uno de los búnqueres anti-zombies más divertidos del cine de terror.

5. Bitelchús (1988)

Tim Burton guarda un hueco especial en todo lo que tenga que ver con el cine más oscuro. En una de las escenas más recordadas y bailadas de Bitelchús, los Deetz y sus invitados están cenando cuando los Maitland, los fantasmas que habitan la casa, toman el control de sus cuerpos. De repente, los comensales comienzan a cantar y bailar al ritmo de «Day-O (The Banana Boat Song)», de Harry Belafonte, mientras sus cuerpos se mueven sin que puedan evitarlo.

La secuencia convierte una cena formal, con sus manteles y sus buenos modales, en un espectáculo absurdo y sobrenatural. Es una de esas escenas que demuestran que no hace falta una criatura monstruosa para arruinar una velada: a veces basta con que alguien pierda el control de los invitados.

6. Blade (1998)

En Blade, de Stephen Norrington, la noche también tiene su propio templo: una discoteca frecuentada por vampiros. La película arranca con una de sus secuencias más icónicas, en la que un joven es conducido hasta un club aparentemente normal. La música electrónica, las luces y el ambiente festivo esconden una realidad bastante menos agradable: el local está lleno de vampiros y, cuando los aspersores comienzan a funcionar, en lugar de agua empieza a caer sangre sobre los asistentes.

La llamada Blood Rave es una de las escenas más reconocibles del cine de vampiros de finales de los noventa. Aquí no hay cócteles sofisticados ni camareros preparando combinados, pero sí una discoteca en la que la bebida más codiciada no se sirve en una copa, sino que forma parte de la propia naturaleza de sus clientes.

7. Noche de bodas (2019)

Los retratos, tan extraños como realistas, que decoran las paredes de Noche de bodas (Ready or Not) no son lo único espeluznante de las tradiciones del clan Le Domas. Pronto lo descubre Grace, una recién casada que, después de pasar por el altar, se ve obligada a participar en un juego del escondite en el que perder significa morir. Literalmente.

La película permite asomarse al lado más siniestro de las celebraciones de la alta sociedad: grandes mesas, una familia poderosa, una mansión espectacular y brindis que pueden acabar bastante peor de lo esperado. Porque, en el cine de terror, ni siquiera las reuniones familiares ni las fiestas más exclusivas están a salvo de convertirse en una auténtica pesadilla.