Ante un desoladora crisis del coste de la vida, los jóvenes tratan de encontrar alternativas con las que subsistir y a la vez desconectar del mundo digital. Nadie lo vio venir, pero la generación Z está impulsando de nuevo el cambio, regresando a lo primitivo y/o a la recolección de alimentos silvestres.
Como si fuese una especie de Animal Crossing en la vida real, el concepto es claro y efectivo: hacer la compra sin gastar nada, y, de paso, aprender en el camino. Respirar y evadirse del ‘mundo’, a la vez que obtienen ingredientes extraídos de la naturaleza con los que hacer recetas deliciosamente gratuitas.
Este movimiento con el que re-conectarse con la tierra ha sido impulsado por iniciativas como Fruity Walks o Earth Child Remedies, que “ayuda a las comunidades queer y a la mayoría global a recuperar los conocimientos y prácticas ancestrales sobre las plantas para fomentar la salud mental, física y espiritual”. ¿Cómo? A través de paseos y teorías acerca de la recolección.
Los recolectores están aventurándose, sobre todo, en el Reino Unido. Y, aunque pueda ser contraproducente, muchos de ellos acaban subiendo la experiencia a internet. No se desconectan del todo, compartiendo en plataformas como TikTok vídeos de inmersiones naturales, y de elaboraciones de recetas extraídas directamente de la tierra. Ya sea un chocolate de semillas de tilo o unas setas de ostra con las que deshechar la comida industrializada.
Puede parecer extraño e incluso peligroso el hecho de comerse según que plantas o alimentos recogidos de forma silvestre en parques o bosques. Sin embargo, existen perfiles ‘especializados’ en el asunto que ayudan a entender el movimiento y a participar en él, a comprender las temporadas y el crecimiento de las especies. Es el caso de Megan Howlett, que en su perfil @theforagerscottage publica todo un recetario elaborado con ingredientes salvajes con los que da lugar a un chucrut de hierba de piña y pimienta. Por ejemplo.
Dejando de lado las necesidades esenciales o primarias de esta práctica, la intención es vivir la recolección como un pasatiempo o incluso una vía de ‘mindfulness’ para una generación que ha crecido haciendo la compra online, sin ni siquiera haber tenido que moverse hasta el supermercado, pero que ahora promueve lo contrario: la idea de una vida lenta y consciente con la que huir del ruido digital y desviarse del capitalismo.