«Ahí estaba yo. Es decir, Alex y mis tres drugos. O sea Pete, Georgie y Dim. Estábamos sentados en el Korova Milk Bar, exprimiéndonos las rasureras para encontrar algo con que ocupar la noche. En el Korova Milk Bar servían leche plus. Leche con velloceta o con dencromina… que es lo que estábamos tomando. Eso nos aguzaba los sentidos y nos dejaba listos para una nueva sesión de ultraviolencia», manifiesta Alex DeLarge en la escena inicial de ‘La naranja mecánica‘ de Stanley Kubrick.

Puede que al ver la película no le diésemos importancia alguna a esa frase. Pero es clave para entender el resto de la historia, y el significado de la leche en el cine. Una bebida que aparentemente se asocia a la niñez, la maternidad y la nostalgia, se consume aquí antes de ejercer la violencia como una ‘droga’ que potencia la maldad de los personajes.
La calma y la inocencia se interrumpen -y corrompen- en la gran pantalla, desvirtuando el significado de la bebida, cuando cae en manos de los villanos. La idea es cambiar el guion y revertir su simbología, haciendo que funcione como recurso visual a la hora de construir la perversidad de los personajes. Es precisamente ese choque en la manera en la que lo percibimos, lo que genera desconcierto.

Si repasamos la historia del cine, existen otras figuras clave que pueden ayudarnos a comprender por qué la leche es una ‘red flag’ en el cine. Hans Landa también forma parte de esta ‘mafia’. En ‘Malditos Bastardos’, el coronel destila su psicopatía y frialdad en un vaso de leche. Un símbolo líquido de dominación que saborea y disfruta antes de interrogar y delatar a una familia a punto de ser asesinada; creando una secuencia a la que se regresa al avanzar el filme, cuando vuelve a beber leche de nuevo delante de la única superviviente de la familia, evocando el horror.
Anton Chigurh en ‘No es país para viejos’, interpretado por Javier Bardem, aparece representado con una personalidad similar a la del resto del elenco mencionado. Los directores del filme refuerzan el realismo psicopático y perturbador del personaje a través de diversos elementos: su inquietante corte de pelo, su manera de salvar o matar a las víctimas tirando una moneda, o en el simple hecho de beber leche, un vicio un tanto extraño al que recurre tras escenas de crímenes.

La leche se convierte, por lo tanto, en el cine en una alegoría que alude al poder, al dominio y al desconcierto, percibiéndose de una manera totalmente distinta a la que se instala en el imaginario colectivo. Como es el caso de Rose Armitage en ‘Get Out’, que toma leche mientras persigue y manipula -con inocencia- a sus nuevas víctimas, sin ningún tipo de remordimiento.