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Tapas Talks by Gleeden: El placer se sienta a la mesa

Durante este encuentro celebrado en Forbes House se debatió sobre gastronomía, sexualidad y placer en una época en la que ya no pedimos perdón por disfrutar.

Foto: Giuseppe Marconi

Históricamente, la gastronomía, el deseo y la seducción han compartido un mismo espacio en el imaginario colectivo, a menudo ensombrecidos por la idea de que el disfrute roza lo prohibido o lo inmoral. Para derribar estos prejuicios y analizar el cambio de paradigma actual, Forbes House acogió el pasado martes el encuentro «Tapas Talks: el placer se sienta a la mesa», que contó con el patrocinio de Gleeden, la aplicación de citas no monógamas y extramatrimoniales creada por y para mujeres; un espacio pensado precisamente para que ellas tomen las riendas de su propio deseo. El encuentro, moderado por la periodista Verónica Zumalacárregui, reunió a cuatro voces de sectores muy distintos: Eva Moreno, sexóloga de Gleeden, Inés de León, directora, guionista y actriz, Laura Ponts, food stylist e influencer, y Nino Redruello, chef y propietario de Familia La Ancha. El objetivo central fue claro: conectar el arte culinario con los encuentros humanos, situando el placer en el centro de la experiencia vital.

Un intercambio de opiniones y reflexiones muy necesario que ha permitido desgranar cómo la evolución cultural está reconfigurando nuestra manera de entender el amor, la seducción y la libertad. El papel crucial de la mujer en la reconquista de su propio deseo ha sido un punto importante del debate, así como la urgencia de eliminar la culpa que tradicionalmente se ha asociado tanto al apetito sexual como al gastronómico. Así, entrelazando sentidos, emociones y nuevas formas de relacionarse, este Tapas Talks se ha consolidado como una radiografía perfecta de una sociedad moderna que elige disfrutar con honestidad, libertad y sin dar explicaciones.

El placer como una experiencia multisensorial

El debate comenzó abordando el placer no como un concepto abstracto, sino como una experiencia que se experimenta y se arraiga a través del cuerpo. Al preguntarles Verónica por el sentido que más despierta su deseo, los ponentes coincidieron en que el disfrute real escapa a las definiciones simples. Para Laura Ponts, la respuesta no es única, ya que todo «depende del contexto y la situación, no hay un solo sentido. Es una experiencia multisensorial». Esta perspectiva encaja con la visión de Eva Moreno, sexóloga de Gleeden, quien recordó que el impacto del deseo es profundo y duradero: «lo que recuerdas es una emoción, te lo llevas impregnado». De hecho, la experta aprovechó el foro para reivindicar el papel de la plataforma de citas como un espacio de empoderamiento, definiéndola como esa herramienta clave que ha puesto a la mujer en un lugar prioritario para escoger activamente y ser dueña de sus decisiones, rompiendo con el esquema tradicional en el que ha sido el hombre quien ha tomado siempre la iniciativa.

Sin embargo, si hubo un sentido que reclamó un protagonismo indiscutible en la mesa, ese fue el olfato. El chef Nino Redruello defendió su poder casi místico como el conector directo con nuestros recuerdos: «no solo en la cocina, en todo, lo que hueles te habla mucho de la situación, en la sexualidad también. Te lleva de forma más inmersiva a las sensaciones, como cuando hueles un perfume por la calle que te recuerda a esa novia que tuviste». Esta capacidad de los estímulos para activar la memoria y la imaginación es precisamente lo que une disciplinas tan potentes como el cine y la gastronomía. Como bien apuntó Inés de León desde su experiencia en la dirección, «la gastronomía y el cine seducen visualmente, anticipan el placer. Al ver esos platos empiezas a imaginar cómo vas a disfrutar comiéndolos».

Eva Moreno, sexóloga de Gleeden, e Inés de León, directora, guionista y actriz. Créditos: Giuseppe Marconi.

Esta estimulación sensorial encuentra en los fogones su máxima expresión, convirtiendo el acto de comer en un canalizador de emociones puras. La cocina posee una magia única para impactar en las personas porque, en palabras de Redruello, «cocinar es transformar alimentos metiendo tu ilusión, energía, esperanza, pasión y emociones. Ese plato te habla de cómo estás y qué emociones tienes». De este modo, la comida deja de ser mero sustento para transformarse en una poderosa herramienta de comunicación y afecto. El chef de Familia La Ancha concluyó que el hecho de cocinar «es un acto de amor y generosidad porque siempre se busca el bienestar de la otra persona. Cuando cocinas para otra persona estás poniendo mucha información en un plato y cuantos más detalles haya, mejor. Ahí está la magia. Informa al otro de cómo de interesado estás».

La mesa como escenario y ritual de seducción

Aunque las plataformas digitales facilitan el primer contacto, los ponentes coincidieron en que el verdadero cortejo exige presencialidad, convirtiendo la mesa del restaurante en el escenario ideal para que la seducción se dé. Para el chef Nino Redruello, el valor diferencial de estos espacios radica en la atmósfera tangible que generan: «creo que es lo bonito que pasa en nuestro sector, además ahora la gente sale a cenar más, la gente quiere vivir hostelería todo el rato». Redruello ejemplificó esta complicidad a través de los clientes que visitan sus propios locales: «muchos amigos me dicen que cuando van a Fismuler no fallan. Por las velas, la música de guitarra de fondo… mi TOC es la luz, y la luz de las velas permite que sea un espacio que abraza, que es muy importante». En este sentido, Eva Moreno apuntó que la elección del lugar no es casual y aporta un componente psicológico clave: «cuando llevas a una persona a un restaurante ya sabes a lo que vas. Además, en el restaurante el espacio te da seguridad, que es uno de los requisitos para que el deseo se desenvuelva. También te lo da el saber que te van a dar algo bueno y rico. Ahí ya puedo desplegarme y ofrecer lo mejor de mí».

El acto de invitar a cenar a alguien va mucho más allá de compartir un menú; se trata de un ritual de entrega y cercanía. La sexóloga de Gleeden explicó que este tipo de citas «son encuentros donde mostramos mucha vulnerabilidad porque no podemos evitar la mirada directa y debemos conversar». Esta desnudez emocional se potencia a través del propio hecho alimentario, ya que, como añadió Moreno, «comer es un acto muy erótico y estos encuentros son tiempo de calidad en los que debemos dedicar atención plena». Esta vertiente estética y sensorial de lo culinario es la que inspira también el trabajo digital de Laura Ponts, quien confesó su fascinación por capturar esos pequeños detalles que disparan el deseo visual en torno a la comida: «de siempre me han encantado los colores, y soy una loca de la luz. Me parece mágico el zumo del limón visto con la luz de la tarde, cómo cae el aceite…».

En el juego de las primeras citas, los rituales culinarios exigen también una estrategia de descarte y selección de los platos. Con humor y pragmatismo, Redruello advirtió que existen normas no escritas a la hora de confeccionar la comanda perfecta para no arruinar el encuentro: «el ajo crudo, la salsa de tinta, morros en salsa, algo muy pesado» son opciones que se deben evitar. En su lugar, el chef recomendó apostar por «todo tipo de sorpresas visuales con mucho color y muchos ingredientes. Que haya detalles. Lo importante es hacer sentir bien a la otra persona».

Finalmente, los ponentes abordaron la cocina propiamente dicha como una de las herramientas de conquista más potentes y atractivas. Inés de León se mostró rotunda al respecto: «me parece de las formas más efectivas que hay. Se puede ver perfectamente en películas del tipo ‘Como agua para chocolate’ o en la serie The Bear, en la que es muy sexy ver como el chef prepara todo y como le importan las cosas, me parece atractivo cuando alguien se toma en serio su trabajo«. Una devoción por el detalle y el oficio que Eva Moreno abordó desde la psicología de la atracción, concluyendo que ver cocinar a alguien habla de su personalidad, de cómo es de cuidadoso, de perfeccionista y «de cómo también te puede cuidar a ti».

La revolución del deseo y las nuevas libertades emocionales

¿Cómo la evolución cultural está derribando antiguos tabúes, especialmente en lo que respecta al deseo femenino? Continuaba preguntando Verónica. Eva destacó cómo el enfoque de Gleeden acompaña este cambio social al centrarse en la mujer madura que escoge, que se puede permitir estar en una relación estable, pero por otra parte escoger vincularse con otra persona. Para la sexóloga, el panorama actual demuestra que «hay muchas formas de abrir una relación desde la responsabilidad emocional» y que está cambiando la forma de entender el deseo para enriquecerlo, de forma responsable y corresponsable.

Esta búsqueda de autenticidad en las relaciones plantea si hoy somos más libres al manifestar lo que queremos, una cuestión que Inés de León vinculó directamente con la cultura y los referentes: «al conocer más se prueba más porque se desea lo que se conoce». La directora enfatizó la responsabilidad de las industrias creativas al señalar que el cine puede ayudar a desmontar clichés y a avanzar, concluyendo que «todo lo que refleje maneras de relacionarse ayuda a que la gente encuentre referentes».

Nino Redruello, chef y propietario del Familia La Ancha. Créditos: Giuseppe Marconi.

Esta conquista de la libertad individual introduce un desafío universal: la compleja convivencia entre el amor, la rutina y el deseo. Desde el plano personal, Nino Redruello compartió con honestidad que, tras trece años de matrimonio, «la rutina del día a día, cuesta». Por eso el chef se ha adentrado en lecturas que incitan a crear momentos mágicos con su pareja en el día a día y reconoció que «hay que hacer ese trabajo diario para crear momentos ilusionantes todos los días». Recogiendo el guante, Eva Moreno matizó la diferencia entre estabilidad y aburrimiento, señalando que «la rutina nos ordena, la diferencia está en cuando entramos en monotonía». La experta apuntó a la importancia de tomar medidas conscientes para no caer en ella y que, como cualquier cosa en la vida, la relación hay que cuidarla, porque no se sustenta sola. Y concluyó abriendo con naturalidad la puerta a nuevas opciones cuando el modelo convencional se desgasta: «otra cosa es que yo acepte la situación y me quiera ir a nutrir a otro lugar…».

Mujeres, placer y deconstrucción de la culpa

El último gran bloque del foro abordó de lleno las barreras históricas que han rodeado al placer femenino y la urgente necesidad de normalizar el deseo de las mujeres libre de juicios sociales. Eva Moreno recordó que este tabú responde a una raíz puramente histórica vinculada a la necesidad de controlar a la mujer, aportando como ejemplo el hecho de que incluso ciertos estudios científicos de finales del siglo XX sobre la fascinante anatomía del clítoris tardaron años en salir a la luz pública. No obstante, la sexóloga celebró el evidente cambio de paradigma que vive la sociedad actual, un avance que se refleja de forma directa en el éxito de nuevas herramientas de interacción: «Gleeden hace 20 años no hubiese tenido la repercusión que tiene ahora con más de 16 millones de personas suscritas, y eso tiene que ver con cómo evoluciona la sociedad, nosotras y los medios de comunicación».

Esta evolución social se traduce también en una mayor asertividad en el plano de la intimidad, trazando un claro paralelismo con las preferencias culinarias: mientras que al comer tenemos muy claro lo que nos gusta y lo que no, en el ámbito sexual tradicionalmente ha costado más verbalizarlo. Sobre esto, Laura Ponts rompió una lanza a favor de la honestidad directa compartiendo su propia experiencia: «yo lo digo. Por ejemplo, antes si no me gustaba nada el chico aguantaba porque me daba pena, pero ahora no, corto y le digo por ejemplo que tengo el caldo al fuego y que me tengo que ir». Ante esta revelación, Inés de León destacó que para aprender a establecer este tipo de conversaciones con total tranquilidad, es importante la seguridad, aunque matizó con realismo que «es algo que se aprende tarde». Eva Moreno completó esta visión desde la psicología, alertando sobre el coste emocional de no poner límites a tiempo: «cuando estás diciendo sí y quieres decir no, la primera que se está tratando mal eres tú. Por eso es importante hacerlo en el momento en que lo estás sintiendo. Es un aprendizaje, y a medida que vamos creciendo, lo vamos sabiendo mejor».

Créditos: Giuseppe Marconi.

Pese a estos pasos hacia adelante, el panel coincidió en que la normalización del deseo aún se enfrenta a ciertas corrientes retrógradas, muchas de ellas amplificadas por el entorno digital. Inés de León alertó sobre dinámicas preocupantes entre las generaciones más jóvenes al analizar el fenómeno del body count —la tendencia a contabilizar el historial sexual en redes sociales—, lamentando que «muchos hombres dicen que no estarían nunca con una mujer que haya estado con más de dos o tres personas, eso me parece dar pasos atrás». Ante esta realidad, Nino Redruello intervino para desmontar estos prejuicios masculinos, argumentando que esa actitud habla más de las inseguridades de esas personas, que tienen miedo a la comparación. El chef de Familia La Ancha defendió con firmeza que «a un hombre le parece atractivo ver a una mujer empoderada y segura», una postura que las ponentes matizaron señalando que, desafortunadamente, este reconocimiento suele darse solo en hombres con una alta seguridad en sí mismos.

La mesa redonda concluyó analizando el peso de la culpabilidad y cómo este sentimiento sigue operando como un mecanismo de control. Mientras Laura Ponts apuntó que el arraigo de la culpa ya no es universal y que depende de la educación y de la personalidad de cada uno, Nino Redruello aportó una visión integradora basada en el equilibrio vital, explicando que «todo lo que te da placer es algo que necesitas hacer, por eso existe», y que el conflicto real solo aparece «cuando ese placer domina a la vida». Fue Inés de León quien trazó un paralelismo perfecto entre la mesa y la cama para evidenciar el origen sociocultural de este malestar: «la culpa es algo que vas adquiriendo. Podemos sentirla por no querer engordar para tener un cuerpo normativo o, en el caso del sexo, ocultando el deseo para cumplir con esa norma de que la mujer tiene que ser recatada». Precisamente por esto, porque es una imposición externa, tanto Inés como Eva coincidieron en que los estigmas se combaten desde el diálogo y la honestidad, hablando con ellos para entenderlos y poder trabajarlos.

Créditos: Giuseppe Marconi.

Así, ‘Tapas Talks by Gleeden: el placer se sienta a la mesa’ se ha consolidado como una radiografía de una sociedad dispuesta a reescribir las reglas del disfrute. Al entrelazar platos y emociones, el encuentro ha dejado claro que la gastronomía y la sexualidad comparten la necesidad de vivirse con presencia, honestidad y sin culpa. Por tanto, la cita en Forbes House ha servido como un recordatorio de que el apetito no debe esconderse, sino celebrarse. El verdadero empoderamiento actual empieza por adueñarse de las propias decisiones y, por fin, dejar de pedir perdón por disfrutar.

Qué representa el placer según los ponentes:

Nino Redruello: ilusión

Laura Ponts: gozo, disfrute y felicidad

Inés de León: alegría y vida

Eva Moreno: evolución, movimiento, vida y vitalidad