Bebidas

¿Por qué bebemos cada vez menos alcohol?

Entre el ‘soft clubbing’ y el ‘zebra striping’: estas son las tendencias no-alcohólicas que han eclipsado a las nuevas generaciones.

Euphoria

No sólo no bebemos por motivos de salud. Lo hacemos por otras razones hiperconscientes como el hecho de perder el control o volverse más impulsivos. Esa preocupación cada vez más grande acerca de cómo nos perciben -y cómo nos autopercibimos- ha desembocado en corrientes como el «soft clubbing«, es decir, raves saludables en las que se modifica el horario y el espacio, y se sustituyen las bebidas y/o sustancias por cafés, matchas o mocktails sin efectos secundarios.

Todo ello forma parte de una tendencia social mucho más amplia llamada «looksmaxxing«, que intenta maximizar el atractivo físico a través de rutinas de cuidado, ejercicio o cambios estéticos. También existe otro modo de consumo para aquellos que no quieran eliminar por completo el alcohol, pero si alternarlo y minimizar sus efectos, que recibe el nombre de «zebra striping«.

El auge de las bebidas sin alcohol se ha extendido en todo el mundo, con cafés, batidos de proteínas, smoothies y otras bebidas a base de kombucha o ingredientes naturales. Algo que ha podido verse en los bares de China, país en el que la coctelería con medicina tradicional se ha convertido en el nuevo ‘punk wellness’.

En esa nueva tipología de bares del país se mide primero el pulso del cliente antes de hacerle el diagnóstico y prescribirle determinados cócteles ‘curativos’ con hierbas medicinales. Una práctica cada vez más extendida en la sociedad, que forma parte de la nueva corriente líquida de la que beben los llamados ‘bares de medicina tradicional china’ diseñados para una generación en crisis que de alguna manera necesita destruirse y salvarse a la vez.

Kim Kardashian con sus bebidas energéticas

Vinos sin resaca

En paralelo, el vino es otro de los alcoholes que está decayendo a nivel europeo, de manera gradual. En Italia han bajado sus ventas de un 10% entre el 2019 y el 2023, reflejando una realidad que al principio se vivió de manera drástica y polémica pero que cada vez más se ha integrado de manera natural en la sociedad y en los nuevos hábitos de consumo.

Las marcas, por ende, se han subido a la ola, proponiendo alternativas sin alcohol como ginebras, vinos o cervezas no alcohólicas, compaginados con eventos centrados en el bienestar o el ‘wellness’ como las clases de pilates o yoga, y los eventos de running.

Getty Images

Al mismo tiempo, el mercado de las bebidas sin alcohol no ha dejado de crecer. Según IWSR Drinks Market Analysis, la categoría no- y low-alcohol superó los 11.000 millones de dólares en valor global en 2022, impulsada por consumidores que buscan reducir su consumo de alcohol sin renunciar a la experiencia social que conlleva una bebida. Porque esa nadie quiere perdérsela.