Lifestyle

Linaje femenino

La escritora Leticia Sala, autora de Dame veneno que quiero vivir. Skincare, bótox, miedo a envejecer y linaje femenino. Foto: Jaime Partearroyo.

La escritora Leticia Sala (Barcelona, 1989) publica Dame veneno que quiero vivir. Skincare, bótox, miedo a envejecer y linaje femenino (Anagrama), un ensayo sobre la presión estética desde una mirada empática, dejando atrás los prejuicios e intentando, en la medida de lo posible, levantar conciencia sobre la nueva esclavitud del siglo XXI: el autocuidado.

Estrenas nuevo libro, menuda manera de celebrar los 37, ¿no?
¡Y tanto! Además, justamente un libro que va sobre nuestra relación con el envejecimiento. Me parece una casualidad bonita.

¿Cuánto sufres de la presión estética para hacerla la protagonista de tu ensayo?
La sufro y la leo en la sociedad. Hay una mano negra, mucho más en las mujeres que en los hombres. Está muy presente en conversaciones en un café, en un shooting… Siento que hay demasiada presencia estética. Es como tantas otras cosas que, cuando uno levanta la conciencia, se transforma y se atenúa.

En este sentido, ¿cómo influyen las redes?
Las redes han tenido un efecto tremendo por estar tan en contacto con nuestra propia imagen, esa exposición constante que se nos devuelve como nuestro propio reflejo, no existía hace cincuenta años. Tener al alcance del dedo una versión mejorada de lo que podríamos ser, no ayuda. Estamos envejeciendo en Internet y lo estamos viendo.

Para el libro has contado con diferentes testimonios respecto a los retoques, pero ¿cuál es tu posición?
Lo que he querido es escuchar y entender sin juicio qué encuentra, por ejemplo, una persona transexual en un retoque estético. A ellas les ayuda a conquistar una feminidad que sienten que necesitan para ser aceptadas. Su presión es triple, para ellas es supervivencia. Lo fácil en el libro sería decir que todos los retoques son malos, pero todo debe ser matizado.

“Yo solo sé cómo envejecer hasta los 37”

Abogando por esa unión del género…
El feminismo debería ser eso. Para mí es muy sencillo decirme que lo estoy haciendo bien porque no me he hecho aún ningún retoque, pero cada una tiene una realidad, yo sólo sé cómo es envejecer hasta los 37. Dentro de este paraguas, si realmente nos separan las opiniones, estamos lejos de ser más libres. Hay que manejar una complejidad.

Al final, siempre recae todo en lo mismo, la presión a la mujer.
Este libro lo he centrado mucho en la mujer, primero por experiencia personal pero también, porque la relación de los hombres con el skincare no viene del miedo o la presión, más bien por higiene o un deseo de encontrar la mejor versión de cada uno, pero desde un lugar muy fresco y diferente al que lo afronta la mujer, que es dónde se enciende la alarma.

Y también, muy patentes las desigualdades sociales…
Desde luego, hay un tema de clase enorme aquí. Es interesante como una persona obrera tiene referentes a los que se quiere asemejar, y por una cuestión económica, o bien se endeuda o pone su salud en peligro con bótox piratas, algo que también pasaba con el lujo antiguamente.

Supongo que, al ser madre, todas las prioridades cambian…
Es interesante porque la palabra “cuidados” ha entrado en mi vida ahora. Yo era muy naíf y, cuando me convertí en madre, esto de cuidarme empezó a tener muchísima importancia. Ahí fue donde me cuestioné si era cuidado o esclavitud.

¿Temes que tu hija caiga demasiado temprano?
Cuando me convertí en madre me vinieron todo tipo de miedos, muy en parte por su condición de mujer. Lejos de querer quedarme en ese miedo para no educar bajo la sobreprotección o desigualdad de género, intento, desde el pequeño altavoz que tengo, servir de ejemplo para tomar con naturalidad cómo influimos en nuestras hijas como lo hicieron nuestras madres en nosotras.

¿Cuál es tu veneno?
Desde que pasé todos mis cosméticos por la aplicación Yuca en enero, creo que ya no tengo casi (risas). Te diría que el té verde y el móvil.

¿Y tu obsesión?
Soy bastante obsesiva. Durante el tiempo que he escrito este libro tenía una escucha muy activa del día a día, veía que era un tema muy presente, pero que la gente no tiene toda la información. No se sabe que el bótox es un veneno, por ejemplo.

Hay otros temas psicoanalíticos que me obsesionan mucho, como el linaje femenino. Lo que nos permea de nuestra madre, tanto lo que vivió con nosotras como lo que no, esa herencia invisible y lo que nuestra hija en este camino. Este hilo invisible me parece precioso, me inquieta.

¿Escribes para saber lo que sientes o para sobrevivir a esas emociones?
Ambas. Por un lado, escribir me transforma la mirada, me ha formado una opinión, pero también hay una supervivencia al reloj. Ves que hay trenes que te están pasando y que la gente los coge y tú no, y entonces, no sabes si sentirte muy tonta o muy lista. Aquí es dónde navegan estas dos pulsiones que he intentado plasmar en el libro.

“¡Me chifla comer! Soy hija de hosteleros”

Algo muy de la mano con esa presión estética, es la alimentación, ¿cómo es la tuya?
La forma más inteligente de cuidarse la piel es cuidarse la salud. La misma dieta que te pueden mandar para la salud cardiovascular te sirve para cuidar tu piel. Si nos lo montamos bien, matamos a dos monstruos enormes: la cosmética y los ultraprocesados. Esto me ha transformado porque he empezado a comprobarlo. Si alguien se alimenta bien, la piel responde.

Este glow no me lo ha dado una crema, al igual que tener más energía y dormir bien. Todo va de la mano y es precioso ver que esta es la gran solución.

¿Sacrificarías el placer gastro por la estética?
Me chifla comer. Soy hija de hosteleros, por lo que la comida ha estado siempre súper presente en mi vida. En este contexto, abogo por la buena alimentación, pero lo que me encanta es tener una alimentación súper sana entre semana y el fin de semana, disfrutarla simplemente y no caer en la obsesión.

¿Cuál es tu ritual de escritura?
Encender una vela, pedir un deseo e hidratarme mucho, porque antes no era consciente y me podía tirar cinco horas escribiendo sin beber nada.

También me pasa que, cuando estoy trabajando en un texto, encuentro una canción que tenga sintonía energética con lo que escribo y la pongo en bucle. La escucho una y otra vez. Cuando acaba el proyecto, esa canción ya ha hecho su cometido, le doy las gracias y se queda en esa obra.

¿Con qué deberíamos acompañar la lectura de tu último libro para que la experiencia sea completa?
Te diría que puedes leerlo con un shot de jengibre, un caldo de huesos y un té verde puro. Para este libro, es la combinación perfecta.