Reportajes

¿Está la vajilla artesanal más de moda que nunca?

Pon unos huevos fritos en tu cuenco favorito y compruébalo: la comida no sabe igual en un plato soso que en una vajilla especial. En plena era del furor vintage, la cerámica tradicional y la loza de diseño viven una era dorada.

A la fiebre por el vidrio de colores de Duralex —eterno icono de las casas de nuestras abuelas— o la reapertura de la histórica fábrica de La Cartuja de Sevilla se suman proyectos con personalidad en pleno estado de gracia: las vajillas metálicas turcas de Colorama, la mezcla de artesanía tradicional portuguesa y diseño sueco de Mateus, el universo colorista y orgánico de Joyce o el minimalismo de Cristina Oria, son solo algunos ejemplos.

Hogares con carisma: La alegría de Klevering

«Los clientes buscan cada vez más piezas que transmitan personalidad, singularidad y expresividad; objetos que aporten carácter a su hogar en lugar de diseños estándar producidos en masa», destacan los holandeses Klevering, cuyas piezas están creadas para alegrar los momentos cotidianos. Su menaje, candelabros y jarrones fusionan a la perfección arte contemporáneo y vintage, dándole un toque pop y risueño a jardines y sobremesas.

«La cerámica y la cristalería también sirven para definir la identidad de restaurantes y cafeterías», relatan, poniendo como ejemplo el parisino bar BISOU, que usa sus vasos para los cócteles. Sus grandes hits son la colección La Mer, o la mantequera que diseñaron en colaboración con Hal Haines, buena muestra de que la decoración de mesas «se ha vuelto mucho más lúdica y expresiva».

Casa Maricruz: objetos con alma

La llamativa cerámica cacereña que puso la mesa en el documental de C. Tangana, sabe que el interés por las piezas hechas a mano no es solo estético “sino por todo lo intangible que contienen: tiempo, oficio, memoria, territorio y una determinada forma de entender la relación entre personas y objetos”.

La empresa familiar, de la que Pedro Almodóvar se declara fan, recuerda que, más allá de lo funcional, se “vuelve a valorar aquello que tiene más densidad cultural, más singularidad y capacidad de permanecer”.

Ibéricos y modernos, nostálgicos y divertidos, sus vasos, platos y cuencos encajan con una filosofía slowly de crear, vivir y comer lento. Subrayan su “activismo artesanal”: adaptan un lenguaje milenario y son puente entre oficios tradicionales y nuevas audiencias. “No es solo conservar la técnica, sino proteger una forma de estar en el mundo”. Su colección más exitosa es la de Granada, con “acabado mate, menos densidad de dibujo y formas pensadas para las costumbres del presente”. En vidrio, mencionan los Deflated Glass de Mallorca, vasos soplados de formas sinuosas y colores volcánicos que nos han enamorado.

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