Opinión Salvador Sostres

No éramos machistas. Es que no teníamos una Dyson V8 Cyclone

Hay un chiste que las mujeres se toman muy mal y es que una le cuenta a su amiga que su marido le ha dado más libertad. ¿Y qué ha hecho? Me ha ampliado la cocina.

A mí también me parecía un chiste machista hasta que la semana pasada la asistenta me escribió para darme la doble noticia de que estaría unos días de baja y que la vieja aspiradora había muerto. Todo se acaba, queridos amigos, menos nuestra paciencia pequeñoburguesa. Y tras un breve estudio de mercado entendí que lo único que un hombre blanco, católico y sentimental y de Tres Torres puede hacer en este caso es comprar una Dyson V8 Cyclone.

Llegó el sábado pronto por la mañana y no tenía nada que hacer y decidí estrenarla. Como la mujer del chiste, me sentí emancipada. Me acordé de un anuncio en mi infancia de un spray quitapolvo. Tenía un eslogan fantástico: “Centella te da tiempo para disfrutar”. Salía una madre sonriendo que una vez terminadas sus labores se montaba en una montaña rusa con su hijo. Mi Dyson es ligera, suave, parece que estés pintando un lienzo y no limpiando el suelo. Todo lo puedes hacer más rápido y como Centella, me dejó tiempo para disfrutar de un paseo más lento camino del restaurante, y paré en Zinnia a comprar unas hortensias bien bonitas, lilas, rojas y amarillas. Es importante regar abundantemente a tus hortensias y que tengan siempre sombra. Al sol quedan muy bonitas pero el sol las quema. Esto me recuerda a algo, pero no me parece adecuado hablar de política en un artículo sobre aspiradoras.

Otra frase que ofendió bastante en su día la escribió Valentí Puig el pasado siglo: “¿Qué ha hecho más por la libertad de la mujer? ¿El fregaplatos o los libros, tan tediosos, de Simone de Beauvoir?” A mí, desde luego, me ha hecho sentir mucho más hombre y mucho más libre mi V8 que cualquier lectura de Jean-Paul Sartre.

No éramos machistas. Éramos caprichosos, esteticistas. Lo más decepcionante de las mujeres es que esta Dyson, que tendría que haber sido el primer objetivo del combate feminista, ha sido también el hallazgo de un hombre. Habría sido más bonito que os hubierais anticipado y yo no me habría sentido sucio, sino todo lo contrario, con un chiste diciendo que ahora con mi aspiradora soy más libre, tengo menos miedo a que la asistenta me deje tirado -que es mi peor pesadilla, superado el trauma de la separación de mis padres- y que efectivamente me queda más tiempo para disfrutar comprando flores antes de ir a comer con mis amigos.

Dyson me ha hecho un hombre más entero, menos temeroso. Escribo siempre con Julio Iglesias de fondo, para vivir en la esperanza y el deseo de un mundo mejor; pero para pasar la aspiradora me pongo a Sabina, para sentirme más acompañado como trabajador del hogar. No hay nada como “Quién me ha robado el mes de abril” o “Princesa” para asistir fascinado a la belleza de la máquina aspirando las migas.