Fleming fue en 2024 mi esperanza de algo mejor en la zona nacional de Barcelona, y al principio creí, con mucho esfuerzo y dinero que gasté yendo cada día, que lo conseguiría. Pero unos socios poco sensibles fueron poco a poco disparando contra cada una de mis esperanzas. Dejé de ir o iba muy ocasionalmente.
Han pasado dos años y he vuelto. Y la verdad es que la cocina ha mejorado, es más amplio el abanico y todo está razonablemente bueno. Sin exagerar pero bueno. Es algo caro para lo que te dan y el cocinero, los productos que se venden por peso, los pone en la báscula con el plato. Los espacios en la sala se fuerzan demasiado. Hay menos camareros de los necesarios.
Pero la ubicación tan agradable y la comida que ha mejorado son un aliciente para volver. Hay que pedir el aire acondicionado porque con los motores del mostrador de la charcutería la temperatura del local es muy alta, incluso de noche y sin calefacción.
La presa ibérica, la tortilla de patatas, las lentejas, el fricandó y la ensaladilla rusa, si alguien se apiada de ti y te la hace al instante, son platos adecuados, algo mejor que buenos. Los embutidos y el jamón también los defendemos, así como los quesos. Lo que hay fuera de carta suele estar bien pero tienes que recordar cómo escandalla el cocinero.
Fleming es tal vez uno de los mejores restaurantes de la zona alta de Barcelona. Los camareros son simpáticos y eficaces. Es importante que Fleming continúe mejorando. En su calidad ha alcanzado la velocidad del crucero. Ahora sólo le falta querer un poco más a sus clientes.