En un comunicado, explican que, tras su renuncia hecha pública el pasado mes de diciembre, se les ha vetado la asistencia al cónclave, a pesar de que los Estatutos reconocen el derecho de los afiliados a acudir a la Asamblea General, e insisten en que su dimisión fue «firme y meditada por coherencia personal» y no para interferir en las votaciones.
Los dimisionarios reivindican el legado de la organización desde sus orígenes, cuando un grupo de personas asumió riesgos personales para llevar los tractores a Madrid, y subrayan que la renuncia de este grupo responde al «rechazo frontal» a que URA «pase a depender de subvenciones públicas», lo que, a su juicio, quiebra el principio de independencia política con el que nació.
Asimismo, destacan el «esfuerzo altruista» realizado y lamentan que la actual dirección haya optado por la exclusión en lugar de respetar la historia de la entidad.
Los firmantes aseguran que su entrega a URA ha sido, desde el primer minuto, «estrictamente altruista», sin buscar ni recibir «un solo euro» de la organización, y que se marchan con la «conciencia tranquila y el agradecimiento infinito» a los ganaderos y proveedores que confiaron en ellos cuando URA «no era más que un ideal de libertad para el campo», a los que desean «el mejor de los caminos» en esta nueva etapa.
Subrayan que han sido años de tensiones y sacrificios que también han afectado a sus seres queridos, quienes han soportado con ellos la presión y el desgaste de defender el campo asturiano. «Nos vamos con las manos vacías de dinero, pero llenas de la dignidad de haber servido a nuestros compañeros sin esperar nada a cambio», señalan.