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Dinos cómo comes el roscón de Reyes y te diremos cómo eres

Desde Tapas, no os traemos ni oro ni incienso ni mirra, pero sí os brindamos un juego para que toda la familia juegue en este día de Reyes tan especial.

12/12/2022 Un roscón de Reyes durante la presentación de la programación cultural y de ocio diseñada por el Ayuntamiento, en el Palacio de Cibeles, a 12 de diciembre de 2022, en Madrid (España). Bajo el lema 'Tu Navidad está en Madrid' el Ayuntamiento de Madrid, a través del Área de Cultura, Turismo y Deporte, ha felicitado las fiestas navideñas con una imagen diseñada por el ilustrador Francesco Bongiorni. Bajo el mismo lema ha presentado la agenda cultural y de ocio para disfrutar de las fiestas en la capital. ECONOMIA Alejandro Martínez Vélez - Europa Press

Desde pequeños, todos hemos tenido nuestro rey mago favorito. En la cabalgata esperábamos a su carroza para pedirle los regalos. En el belén le poníamos en el mejor sitio, es decir, más cerca del niño Jesús. Y a la hora de tomar el roscón, siempre cruzábamos los dedos para que nos tocara como regalo en nuestro trozo. Hoy, 6 de enero, ya sea Melchor, Gaspar o Baltasar tu preferido, y hayan parado o no por tu casa, la preferencia que tenemos todos en común -o al menos aquellos con un mínimo gusto en el paladar y/o ilusión navideña- es la tradición de engullir el famoso bollo con esencia de agua de azahar: el roscón de Reyes.

Es cierto que nuestra devoción por este dulce esponjoso hace que la mayoría no lo reserve únicamente para los días 5 y 6 de enero. En cuanto aparece en las vitrinas de las pastelerías y en las estanterías de los supermercados, empezamos a caer en la tentación. Y, como dice el refrán, una vez al año no hace daño… aunque en este caso el “una vez” bien podría extenderse a todo el mes de enero.

Al igual que ocurre con sus majestades, cada cual tiene su favorito. Los hay fieles al roscón sin relleno y quienes no conciben otro que no sea de nata, chocolate o trufa. Con fruta escarchada o sin ella. Seco o bien empapado en chocolate caliente, leche con ColaCao o Nesquik. Porque, en cuestión de roscones, el gusto va por barrios y personalidades.

Desde Tapas, no os traemos ni oro ni incienso ni mirra, pero sí os brindamos un juego para que toda la familia disfrute en este día de Reyes tan especial. Se llama: Dinos cómo comes el roscón de Reyes y te diremos cómo eres. Busca tu categoría y ¡engulle este último pedazo de las navidades!

PD: gana quien no hace ascos y le gustan todos.

Categorías

Sin relleno, el clásico

Son aquellos navideños tradicionales. Los que ponen la decoraciones sí o sí el puente de Diciembre. Aquellos que siguen poniendo el nacimiento de cuando eran pequeños, aquel que ya les van faltando los brazos. Son los paladares que no necesitan adornos para disfrutar del roscón. El aroma del agua de azahar y la nostalgia que les brinda cada bocado son suficientes. Por último, son los comensales que cuando van al Burger King, se decantan por los clásicos, ya sea Whopper o Big Mac.

Si fueras un adorno navideño serías: el belén.

Relleno de nata

Si te gusta este tipo de roscón eres aquel que prepara la lista de regalos desde el 1 de diciembre. El más goloso de la familia. El que en la mañana del 6 de enero se levanta a las 7 de la mañana para abrir los regalos. Eres un poco impaciente -siempre en el buen sentido-, no te conformas con cualquier cosa y te encanta excederte con las decoraciones navideñas. En otros términos dulzones, si te dan a elegir entre un donut y un croissant, eliges napolitana.

Si fueras un adorno navideño serías: las luces navideñas.

Relleno de chocolate

Estos ejemplares son más escasos que los anteriores. Pero que no sean comunes no significa que no sean importantes. Son aquellos que en las cenas navideñas se ponen en un mismo plato desde el salado hasta lo dulce. Los mejunjes son lo suyo. En conclusión, eres el gocho de la mesa. El que se come los chocolates del calendario de adviento en función del hambre y no del día en el que estamos. Además, el chocolate indica que eres un tanto extrovertido, te gusta estar rodeado de personas y te sientes muy cómodo en las multitudes. Y no es solo porque le caigas bien a todo el mundo.

Si fueras un adorno navideño serías: el cascanueces.

Relleno de trufa

Te gusta ir en contra de las normas. Lo corriente te da alergia. Te gusta diferenciarte del resto y marcar tus propias reglas. Sin intentarlo, sobresales. Eres el típico que en verano, cuando pide un helado, te pides el más raro del escaparate. Normalmente de mango o de maracuyá. En cuanto a gustos, eres vanguardista. Te mola juntar colores, formas y texturas. Ser un árbol de Navidad andante no es algo que te importe. Finalmente, te gusta hablar de las novedades del mundo del arte y coleccionar monedas.

Si fueran un adorno navideño serías: el cascanueces.

Con fruta escarchada

No es por generalizar, pero soléis ser los mayores de la familia. Abuelos, tíos abuelos y bisabuelos, esta es vuestra categoría. Sois los únicos que disfrutáis de estos bocados crujientes y viscosos. Las antiguas generaciones se quedaron con todo este gusto, ya sea por la costumbre de no hacer ascos a ningún plato por las situaciones crudas del pasado o porque simplemente les recuerda a cuando corrían con bombetas por la Plaza Mayor. No sois fans de las nuevas franquicias de comida. Sois de vermús los fines de semanas y coméis hígados y riñones de vez en cuando.

Si fueras un adorno navideño serías: la estrella de Navidad.

Seco

En sí, esta es una subcategoría. Pero igual de divertida. Sois aquellos que no les gusta mancharse. Coméis muy despacio y hasta usáis cuchillo y tenedor para comer el roscón. Incluso dudáis si comer las croquetas con la mano. Como sois tan meticulosos sois los encargados de envolver los regalos.

Si fueras un adorno navideño serías: los servilleteros navideños.

Mojado en cualquier taza

No tenéis ninguna vergüenza. Tenéis vuestro lado infantil muy desarrollado y os acompaña todas las mañanas. Sois los que siempre desayunáis leche con galletas y/o magdalenas. No os da miedo mancharos y sois los que repetís mínimo una vez de trozo de roscón. En conclusión, sois los payasos de la familia.

Si fueras un adorno navideño serías: el tren navideño.

No les gusta el roscón

Son los menos navideños de la familia. Su apodo en esta etapa de fiestas es Grinch o Scroodge. Pero se les quiere igual. No son partidarios de salir mucho de casa en Navidad porque «hay mucha gente en la calle». Son los que comen turrón mientras el resto ponen los adornos navideños. Sin embargo, el venazo dulzón les sale cuando ven una bolsa llenas de churros y porras en la mesa.

Si fueras un adorno navideño serías: el carbón.

Solo están en la mesa por el premio

Son los más competitivos, los que duermen con las mallas de correr para salir a primera hora de la mañana. Siempre se decantan por oro frente a la plata. Incluso, si les tocara el premio, es posible que dejaran de comer su trozo de roscón. De repente ya están saciados. O por otro lado, hacen una carrera por ver quién se come el trozo más rápido. No obstante, tienen un gran corazón y son los que quieren ganar una medalla por ser los que más regalos han pedido a sus familiares y seres queridos.

Si fueras un adorno navideño serías: las pistas de patinaje sobrehielo.