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Ver la televisión muchas veces se convierte en sinónimo de comer: una escena interminable que repetimos en bucle, extendida a lo largo de infinitas temporadas sin que ni siquiera seamos conscientes de ello. La cuestión aquí radica en si ver la televisión nos hace que comamos y bebamos más, y si todo ello tiene algo que ver con el tipo de programa o el género que estemos visualizando en ese momento.

Según datos recogidos por la revista Delish de la mano de la experta dietista-nutricionista y autora Jaclyn London, acerca de la influencia de los programas de tv en nuestros hábitos alimenticios, “está demostrado científicamente que la televisión influye directamente en nuestra ingesta de alimentos, incluso en nuestra sensibilidad a las señale de hambre y saciedad”. Todo ello se vincula entonces a una serie de factores como la fuerza del hábito, la disminución de la atención plena, el afrontamiento de las emociones, y las asociaciones alimentarias y su entorno.

Al fin y al cabo, en esos momentos en los que estamos sumidos o hechizados por la luz azul de la pantalla, no estamos siendo conscientes de nuestra alimentación. No estamos prestando atención a las señales de hambre y saciedad de nuestro cuerpo, ya que nuestros sentidos están ocupados en una tarea concreta que nos incapacita la comprensión activa acerca de cuánta comida o bebida estamos consumiendo.

INFLUENCIA EMOCIONAL

Según London, las emociones que estemos experimentando en esos momentos influyen asimismo en nuestros comportamientos alimenticios. Así, vivir una oleada de sentimientos negativos o positivos mientras vemos la televisión puede llevarnos a neutralizar ciertos sentimientos o esquivarlos con la comida. El hecho de estar viendo una película de miedo o drama estresante puede hacer que nos estresemos y engullamos más comida o bebida. Así, incluso el género del programa o de la pieza audiovisual puede influir en nuestros hábitos de consumo y de streaming.

Otro de los factores que nos conduce a vincular esta asociación entre ver la televisión y comer y beber, es que la hayamos desarrollado de manera inconsciente. «Las asociaciones de comida y los recuerdos de comida también pueden ser un factor en situaciones similares en casa mientras se ve la televisión, lo que puede contribuir en un efecto algo cíclico a los hábitos.»

Más allá de eso, en un estudio publicado por la revista Appetite en 2014, se abordaba otro paradigma asociado a este mundo gastro-audiovisual. Éste indicaba que la ingesta de alimentos aumentaba cuando el show en sí era familiar para los espectadores. Esa simulación reconfortante y el hecho de estar muy familiarizado con la serie o el filme, como por ejemplo con «The Office», nos lleva a evadirnos más de esa trama en la que ya no estamos tan inmersos o interesados, y, por ende, a comer de manera exagerada.

Ante este vínculo eterno constatado, se presentan algunas maneras de optimizar los tentempiés durante las escenas de straming, como la planificación previa de la comida a la experiencia televisiva, de manera que nos mantengamos alineados con las señales de hambre y saciedad.

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